En escena, los dos directores de la pieza intercomunicados con una pareja de walkie talkies (en adelante WTx2). Dispersos en diferentes espacios del edificio en el que tendrá lugar el concierto, cuatro walkies solteros (en adelante W) a los que llamaremos W1, W2, W3 y W4.
Los directores, siguiendo de modo riguroso una partitura inédita, manipularán (dando órdenes de entrada y salida, trasladándolos en el espacio y mostrando insólitas posibilidades comunicativas) dichos aparatos desvelando que tras cada walker (W1, W2, W3 y W4) existe un invisible talker (en adelante T1, T2, T3 y T4), que se hace presente únicamente a través del sonido que llega al público vía W.
El walker se convierte así en cuerpo del talker, que a la vez que ejecuta su pieza monofónica es capaz de demandar una determinada ubicación para tratar de alcanzar, a la par que el resto de intérpretes, un encuentro polifónico.
La obra persigue la subversión de los términos convencionales de la comunicación (convirtiendo un aparato receptor en emisor de mensajes y haciendo uso de la interferencia para construir un discurso), de la noción de continente y contenido (pues la corporeidad del intérprete se hace evidente en forma de walkie talkie) y del concepto de polifonía vocal en directo, explotando un lenguaje específico (en el que se corta, cambia o cierra), utilizando radiofrecuencias y señalando la particular bidireccionalidad de estos intercomunicadores
